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SIEMPRE ALGUIEN NOS MIRA

escrito por Aura María 10 noviembre, 2018
Todas las mañanas cuando voy al gimnasio escojo la misma bicicleta para hacer los primeros minutos de cardio antes de pasar al entrenamiento.  Me gusta esa bicicleta porque  está ubicada justo al lado de una ventana que me permite mirar hacia la calle, recibir el aire de la mañana y mirar a todos los que pasan por allí. A esa hora, 6:30 aproximadamente, son muchas las personas que a diario veo; mamás o papás que llevan a sus hijos pequeños al colegio, estudiantes con sus uniformes que caminan rápido para llegar a tiempo, vendedores de frutas, algunas personas haciendo ejercicio y otras más saliendo a sus trabajos. Desde “mi” bicicleta he podido darme cuenta que en una de las casas, la señora mayor prepara café para sus vecinas, y ellas van llegando poco a poco con su pocillos, toman su café y se despiden.  Todos están envueltos en sus asuntos. Algunos caminan apresurados, otros con pereza, algunos pasan cantando, las amigas sonríen al tomar el café,  y ninguno sabe que yo los estoy observando.
En una de las casas hay dos personajes que han captado mi atención. El primero, es un hombre joven, conductor de un taxi. Sale muy bien vestido, limpia su taxi con esmero y al subir, se mira al espejo, se peina de nuevo, se perfuma, hace una pequeña oración y sale a trabajar. ¡Qué personaje más particular! pensé la primera vez que lo vi en su ritual, pero desde ese día lo tuve en buen concepto. No tengo idea de cómo se llama, pero se esfuerza por estar preparado antes de ir a su trabajo, por dar una buena impresión, estar bien vestido y con un olor agradable, y encomienda su día en manos de Dios.
El segundo personaje es una señora mayor, que sale muy contenta a limpiar su jardín. Limpia los árboles que están en su puerta, les quita las hojas secas, los riega, y barre la basura que ha quedado desde la mañana anterior, sin embargo, esa basura la deja en la puerta de la casa de al lado, donde a esa hora todavía nadie ha salido. ¡Qué personaje más particular! pensé la primera mañana que la vi, y  desde ese día no pude formarme el mejor concepto de ella. No tengo idea cómo se llama, desconozco el parentesco que tenga con el hombre joven que sale en su taxi, pero es evidente que ambos tienen un concepto diferente de la forma cómo tratar a los demás, del respeto por el otro y de las normas más básicas de vivir en sociedad.
Ninguno de los dos sabe que yo los observo y menos que ahora se lo cuento a ustedes, pero quise dejarles la conclusión más real a la que he llegado: siempre alguien nos mira y  nuestra esencia es lo que verdaderamente somos cuando creemos que nadie nos ve.  Tanto el hombre joven como la señora mayor, hacen lo que hacen porque piensan que nadie los está mirando, pero sólo uno de los dos hace lo bueno. Estamos llamados a ser íntegros y trasparentes. Deberíamos todos los días de nuestra vida hacer un alto y preguntarnos ¿Soy alguien que se prepara y se perfuma  en favor de los demás, aunque nadie lo note? ¿Voy por la vida dejando mi basura irresponsablemente en la vida de los demás, porque no se están dando cuenta? Recuerda que tus actos siempre tendrán consecuencias en tu vida y la de los demás. Siempre tendremos que rendir cuentas a Dios de lo que hacemos y dejamos de hacer, y nunca  olvides que en alguna ventana alguien, mientras hace cardio, te puede estar observando.
“El Señor recorre con su mirada toda la tierra, y está listo para ayudar a quienes le son fieles” 2 Crónicas 16:9
Aura María Vence
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4 comentarios

Eloy 10 noviembre, 2018 at 3:12 pm

Dios y nosotros mismos, testigos de excepción. ¿Somos lo que hacemos cuándo solo estamos frente ellos?

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Aura María 6 febrero, 2019 at 8:46 am

Así es, amigo mío. ¡Bendiciones!

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María Patricia Valencia 11 noviembre, 2018 at 7:38 am

Muy bella reflexión mi hermana Aura

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Aura María 6 febrero, 2019 at 8:45 am

Muchísimas gracias, amada. ¡Un abrazo!

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