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PALO PORQUE BOGA …

escrito por Aura María 1 abril, 2020

 “Palo porque boga y palo porque no boga”. Este conocido refrán popular hace referencia al trato recibido por los galeotes, o esclavos condenados a remar en las galeras durante el esclavismo y el feudalismo, que eran castigados recibiendo latigazos remaran o no remaran.

En estos días de pandemia, más que nunca nuestra sociedad ha mostrado el ingenio y la creatividad que llevamos dentro. Unos han “inventado” tapabocas con botellas plásticas de refrescos, otros usan guantes hechos con tela, algunos más osados usan partes de ropa interior y de manera jocosa proponen una solución al desabastecimiento de estos artículos de primera necesidad para nuestro autocuidado.

Por otra parte, también encontramos a quienes, en medio del temor y la preocupación, han decidido ponerle humor al asunto y a diario recibimos imágenes y videos en relación a la situación mundial y por unos minutos olvidamos la realidad alarmante y nos reímos y compartimos nuestra pequeña alegría.

¡Y qué decir de la cuarentena! Somos bombardeados con historias, videos, sugerencias, canciones, consejos y un sinfín de material para sobrellevar el aislamiento. Es innegable también, que el estar permanentemente en casa ha dejado al descubierto que muchas familias luchan con relaciones fraccionadas, no se soportan entre sí, y en el peor de los escenarios, ni siquiera se habían percatado que sus relaciones están necesitando intervención urgente, tanto o más que cualquier paciente que se debate entre la vida y la muerte batallado en UCI con Covid-19, pero ese ese tema para otra publicación.

Y en medio de todo este caos, en medio de voces alarmistas, de palabras de aliento y esperanza, de bromas y videos jocosos, de economías en pique, de miles de muertos, pero también miles de recuperados, en medio de tiempo en casa para compartir con nuestros hijos, también se levanta un grupo: “Los malo si sí, malo si no”. Esos a los que nada les gusta, todo lo critican, todo está mal hecho o dicho. Hay a nivel mundial una “élite” que no entiendo cómo hacen para ser al mismo tiempo economistas, politólogos, estadistas, infectólogos, consejeros presidenciales, médicos intesivistas, intelectuales y cultos muy por encima de los demás mortales, siempre con la respuesta precisa en su propia opinión y siempre, siempre con críticas a todo lo que sucede al rededor.

A veces, desearía poder animarlos a que salgan a las calles y juntos como un solo hombre; griten, como bien saben; destrocen como suelen hacerlo; reclamen, que es su mayor virtud y exijan a los gobiernos de sus países que adopten las medidas que ustedes proponen en todo, pues debemos asumir que son las más sabias y apropiadas porque viene de ustedes. Seguramente sus gobiernos no los escucharían, pero al menos los pondrían en cuarentena juntos y así estaría controlado el virus, su propio virus: el virus del odio y el resentimiento.

¿Es que no se dan cuenta? ¡No los queremos escuchar! El mundo está harto de sus malos comentarios, de sus discursos de odio, de sus malas energías, de su poca o nula capacidad de empatía.

Sería tiempo perdido pedirles que examinen su corazón, pues ustedes están muy ocupados examinando y determinando la condición del corazón del otro, porque son también árbitros de la moral y jueces de la conducta perfecta.

Ni hacen, ni dejan hacer. Son ustedes peores que aquellos señores feudales de la época que tanto critican, pues con látigo en mano han decido mal invertir el tiempo de sus vidas en dar “palo porque bogan y palo porque no bogan“.

«Por eso no tienes disculpa, tú que juzgas a otros, no importa quién seas. Al juzgar a otros te condenas a ti mismo, pues haces precisamente lo mismo que hacen ellos». Romanos 2:1

Consejo 1: si tiene gente cerca de su vida que no le aporta y más bien le resta, adopte las medidas necesarias y recuerde que su paz personal no es negociable.

Consejo 2: ¡Sea feliz y no haga infeliz a nadie!

¡Bendiciones!

Aura María Vence

 

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